CTRL+Z(OMBIE)

CTRL+Z

Durante nuestra vida cometeremos muchos errores, es algo normal, de esa manera aprendemos y evitamos repetirlos, pero ¿y si tuviéramos la oportunidad de aplicar un CTRL+Z y corregir los más graves ? La posibilidad de ir atrás y volver a vivir ese momento del pasado en el que nos equivocamos ¿qué cambiaríamos?


Cuando abrí los ojos aún nos encontrábamos en camino. Victorino manejaba a gran velocidad a pesar de que la noche había caído y no había más iluminación en toda la vieja carretera que la que producían los faros de su coche. Yo me encontraba en el asiento trasero junto a Magenta quien había perdido el conocimiento y cada vez se veía peor, en tanto Garza iba en el asiento del copiloto. Todos en silencio, sin música y sin que ninguno de nosotros pronunciara una sola palabra. En realidad no teníamos mucho que decir y sólo la tensión y el miedo llenaban nuestra mente.

El mundo como lo conocíamos ya no existía. Nuestras familias y amigos se habían ido convirtiéndose en eso de lo que ahora huíamos y que tanto temor nos provocaba y todo había sucedido tan rápido. Ahora era Magenta que sufría y si no hacíamos algo pronto la perderíamos igual que a todos los demás.

Victorino conocía un lugar en el que podrían ayudarnos, un alejado pueblo en el que aún existía la esperanza, con gente que había logrado vencer el mal y en el que podríamos encontrar la ayuda necesaria para salvar a Magenta. ¿En dónde quedaba ese lugar? Sólo él lo sabía. ¿Cuánto tiempo llevaríamos viajando? No estaba seguro, perdí la noción del tiempo cuando me quedé dormido, tal vez unas cuatro horas. ¿Y si estas personas no pudieran ayudarnos? ¿Nos alcanzaría el combustible para llegar a donde íbamos? Mi cabeza estaba llena de dudas, sin embargo a estas alturas ya no nos quedaba ninguna otra alternativa.

Magenta recobró la conciencia, se movió un poco y comenzó a quejarse. La sujeté y acaricié su cabeza, dentro de poco tiempo sería mucho más fuerte que yo y ya no podría controlarla. Garza volteó hacía atrás y nos miro, luego fijo su vista en Victorino y al final regreso su atención a la carretera, el conductor tenía toda nuestra confianza y nos esforzábamos por pensar que aún había una pequeña esperanza.

Al poco tiempo Victorino comenzó a reducir la velocidad del coche en un punto en el que se veían las siluetas de algunas casas a un lado del camino. ¿Era ahí? ¿al fin habíamos llegado? El auto abandonó la carretera y entró en un pequeño camino de terracería aproximándose lentamente hacía una de las casas. Las luces del auto iluminaron la vieja y descuidada fachada cuya apariencia no me generó confianza.

-Aquí es. Ayúdame a bajarla- me pidió Victorino mientras apagaba el auto y se bajaba de su asiento. Garza también se bajó del coche sujetando su hacha y se acercó a nosotros mirando hacía los alrededores. Yo sujeté las piernas de Magenta en tanto Victorino la tomaba por los brazos y la sacábamos del coche para después cargarla rumbo al interior de la casa.

La puerta no estaba asegurada y se abrió con un ligero empujón propinado por Garza. Él entró primero con precaución, tratando de evitar cualquier ataque y después entramos nosotros cargando a Magenta. Adentro todo estaba a oscuras salvo algunas áreas iluminadas por la luz que emitían los faros del auto que Victorino había dejado encendidos y que penetraba a través de las ventanas. Gracias a ella conseguimos ubicar un sofá en una de las habitaciones sobre el cual acostamos a Magenta quien volvió a quedarse dormida.

Esto era muy extraño. El pueblo estaba demasiado tranquilo, afuera sólo se escuchaban los ruidos de la naturaleza y en la casa por lo visto no había nadie. Grillos, el viento, la charla de algunas aves que únicamente salen por la noche pero ninguna persona salió a recibirnos, todo estaba oscuro y todo sucedió tan rápido.

-¿Ahora qué hacemos?- preguntó Garza mientras Victorino volteaba de un lado a otro sin responder tratando de ubicar el interruptor de la luz. La iluminación de los faros no era suficiente para hacer visible por completo el interior de la descuidada casa. Luego Garza me volteó a ver a mi. Yo alcé los hombros, miré a Victorino y le repetí la pregunta -¡Victorino! ¿Qué hacemos? ¿Seguro que es aquí? ¿En dónde están todos?-

Victorino encontró un interruptor de la luz y lo encendió, aún funcionaba pero antes de que pudiera responder a nuestras preguntas Garza y yo los vimos: dos mujeres y dos hombres mirándonos pegados a la pared. La pareja mayor tendría como 60 años y los otros entre 25 y 30 años. Otro hombre de unos 40 años entró por la puerta. Eran una familia. Seguramente en otro momento fueron las personas que Victorino conoció pues se volvió hacía ellas para saludarlas sin ninguna precaución pero ya habían cambiado y lo atacaron al instante. El principal problema con estas criaturas era que jamás notabas cuando habían sido infectadas. No sucedía como en todas las películas de zombies que alguna vez habíamos visto. La piel no se se veía dañada, tampoco la postura cambiaba, no se comunicaban con gruñidos y ni siquiera caminaban de un modo distinto. La única diferencia perceptible era su mirada, llena de enojo, de odio. Nos odiaban por no ser como ellos y deseaban destruirnos, pero no era fácil distinguir esa mirada, tenías que estar muy cerca de ellos y cuando lo hacías ya era demasiado tarde.

A pesar de que Victorino era alto y corpulento no era demasiado fuerte y nada pudo hacer contra el ataque de los dos monstruos que se lanzaron sobre él. Garza en cambio pudo contener a las dos criaturas que se fueron contra nosotros al tiempo que me gritaba -¡Saca a Magenta!- Yo giré hacía el sillón en donde estaba ella pero ya era tarde. Se comenzaba a levantar con la misma mirada que los amigos de Victorino. Era una de ellos ahora, no había nada más que hacer.

Garza rompió el cuello de la mujer más joven y aún batallaba con su hacha contra su otro atacante, sin embargo los que habían atacado a Victorino ya venían por nosotros junto con el hombre que había entrado por la puerta. ¿Qué hacer? Yo no era muy fuerte y ellos eran más que nosotros. Por un lado se acercaban tres, por el otro estaba Magenta y las fuerzas de Garza poco a poco se agotaban. Sentí un miedo como jamás antes había sentido.

-¡Corre!- fue lo último que me gritó Garza mientras cuando los otros dos zombies cayeron sobre él. Yo miré hacía todos lados. Lancé un sillón al paso de Magenta y pateé al otro monstruo que iba sobre mí con todas mis fuerzas. La puerta había quedado demasiado lejos como para salir por ahí y además había tres criaturas en el camino, pero la ventana de la habitación era grande y no tenía protecciones. La rompí golpeándola con una grabadora que estaba sobre una mesita y salí por ella a tan rápido como me fue posible. No había nada que pudiera hacer por Garza, había caído y yo tenía que comenzar a correr si quería escapar. Los dos monstruos que iban sobre mi también salieron por la ventana a gran velocidad. Sabía que yo era más rápido que ellos pero los de su especie nunca se cansaban y esa era una gran ventaja. Unos metros a mi derecha estaba el coche. Demasiado lejos, me alcanzarían antes de que consiguiera encenderlo. No era una opción. Otro monstruo más salió por la puerta y se unió a la persecución. Corrí en línea recta lo más rápido que pude introduciéndome en unos campos de cultivo cercanos, tal vez ahí podría perder a mis perseguidores. Algunos vidrios de la ventana habían perforado mi chamarra cortando mi piel. Me sangraban los brazos y también la frente pero no era grave, el miedo y la adrenalina ocultaban cualquier dolor que pudiera sentir. La obscuridad se disolvía lentamente mientras llegaba el amanecer. Odiaba el sol de los días calurosos, sin embargo en esta ocasión ansiaba que saliera y alumbrara el camino. Correr por entre los secos cultivos a oscuras era muy difícil y sentía que en cualquier momento podría tropezar quedando a merced de aquellas criaturas.

Poco a poco sentí como mi energía se iba acabando. Mis piernas no aguantarían mucho tiempo más corriendo a esa velocidad y yo no sabía si había tomado suficiente ventaja sobre mis perseguidores, si los había perdido o si me darían alcance en cualquier momento, sólo escuchaba mis jadeos y el ruido de las ramas secas al doblarse.

No llevaba mucho tiempo corriendo cuando empezó a dolerme el abdomen y mis piernas comenzaron a temblar. Iba demasiado rápido y había quemado mi energía muy pronto. Estaba agotado y por un momento pensé en detenerme, tirarme en el suelo y dejar que me atraparán, ya no podía más. Cerré mis ojos un segundo y cuando los abrí vi el final de los campos de cultivo. Aceleré el paso tanto como pude y salí a otra carretera. Comenzaba a amanecer, mi hora favorita del día. Me detuve jadeante y agudicé el oído. No escuchaba nada fuera de lo normal, tal vez sí había logrado perder a aquellas monstruosidades.

Entonces mi atención se posó en el camino recién descubierto. Había algo raro en esta carretera. Ya la conocía pero no como se veía ahora. Conocía todo lo que estaba al rededor, ya había estado aquí antes. Mi mente se perdió y por un instante olvidé que hace unos minutos unos monstruos me perseguían. Toda mi atención se centró en la carretera, en ese lugar que me recordaba un tiempo que ya se había ido ¿en dónde estaba? El rugido de un motor me sacó de mi letargo y un camión pasó a gran velocidad por delante de mí. Parpadeé rápidamente y lo volteé a ver cuando se alejaba. Era un camión de modelo viejo pero que se veía en muy buenas condiciones -Esos camiones me recuerdan a...- pensé pero antes de terminar paso otro auto, igual, un coche de modelo anterior pero que parecía nuevo. Giré mi cabeza en ambas direcciones de la carretera y vi algunas otras luces de coches que venían en el camino. Ésta carretera no se parecía nada a las carreteras desérticas por las que habíamos viajado en las últimas semanas. Aquí había vida y parecía que la gente comenzaba a circular por ella de manera normal.

Di un paso y luego otro. Comencé a caminar por el acotamiento de la autopista. De pronto los zombies ya no me importaban, había algo aún más extraño en este lugar. Una rara sensación se apoderó de mi. Me sentía raro. Había algo de lo que no me había percatado: mis pies eran pequeños. Al instante volteé a ver mis manos; ya no sangraban y también eran pequeñas como las de un niño. -¿Qué pasó?- pensé. Me agarré mi pansa y jalé mi playera con un estampado de las Tortugas Ninja. -Ésta playera... ¡es la misma que usaba cuando tenía ocho años!- Volvía a ser un niño. El niño que era cuando tenía ocho años. No entendía porque pero ¿quién lo entendería? La primera cosa que pasó por mi mente fue que los zombies me habían alcanzado y eliminado y esto era el otro mundo, pero todo era tan real. Tal cual como se veía cuando tenía ocho años. -Quizá sólo se trata de otra oportunidad-

No sé durante cuanto tiempo estuve caminando atrapado en mis pensamientos. Era un niño nuevamente con todas las posibilidades que esto implicaba. Oportunidades para corregir todo eso en lo que me había equivocado y hacer las cosas mejor. Tal vez podría estudiar otra cosa, trabajar en otro lado, incluso podría prevenir la invasión zombie que acabó con la vida de mi familia y mis amigos. Los extrañaba.

Caminaba pensando en un sin fin de cosas cuando de pronto me encontré ante un letrero que decía "Villa de la Víbora 18 Km" -¿Villa de la Víbora?- pensé -Es la ciudad en donde Magenta vivió toda su vida. Siempre quiso que nos conociéramos y nos hiciéramos amigos desde niños.- Definitivamente ella sería la primera a quien salvaría de los zombies.

Comencé a avanzar hacía allá, tenía ganas de ver a Magenta otra vez. Seguro que sería algo extraño ¿qué le diría cuando la viera? Tenía que pensar en eso. Ya conocía el camino a su casa aunque ahora todo lucía diferente y no tenía coche. 18 kilómetros podían parecer mucho pero hoy no había prisa. Ahora tenía tiempo, mucho tiempo, otra vez.

©2013 Santana Parker.